Hoy tenía intenciones de publicar varias entradas pero no se si la falta de tiempo y la pereza me van a dejar, por suerte puedo aseguraros que una vais a tener.
Rebuscando entre lo que ya tenía escrito he visto muchas historias subiditas de tono. Me da un poco de vergüenza admitirlo pero he de reconocer que son las que mas fácilmente me surgen. Así que para no calentar demasiado el ambiente iré colándolas poco a poco entre otras menos escandalosas.
Hace ya bastantes meses que surgió del mundo editorial una famosa trilogía que de mejor o peor calidad abrió las puertas de un mundo oculto entre sombras. Si, estoy hablando de las famosas 50 Sombras de Grey. Hablo de ello porque yo también caí en sus redes (aunque gracias a la piratería y a mi compi nos salió gratis :P) Cada día que pasa y cada libro que leo me hacen darme cuenta de lo malísima que es esa obra, pero a la misma vez he de reconocer que si no fuera por ella no me habría dado cuenta de que me estaba perdiendo todo un mundo de sensaciones. No es que de la noche a la mañana me volviera una profesional del BDSM, ni mucho menos, me refiero a que sin leerme esos libros no me habría puesto a indagar en nuevas formas de placer, algunas de ellas muy lejos de mi imaginación hasta ahora. Es decir que con lo curiosa que yo soy y los pocos datos que se aprecian en esa obra ya tuve suficiente motivación para ir mas allá, y a raíz de ese paso ir investigando poco a poco, leyendo nuevos libros, navegando por el ciberespacio y encontrando muchos blogs interesantes que me estan llevando a ese mundo desconocido y apasionante. En otro momento os hablare de esos blogs y esos libros y de las sensaciones que este mundo me esta haciendo sentir, de momento os voy a dejar con una de esas historias que aparecen en mi cabeza a raíz de tales descubrimientos.
LA SORPRESA
Los meses de invierno se habían pasado rápidamente pero con
la pesadez de las obligaciones. Nos habíamos visto con la normalidad que
nuestras vidas nos dejaban.
Aún nos quedaba mucho por delante antes de las vacaciones
pero aprovechando un curso que tenías en Madrid quise hacernos un regalo.
Me presente el viernes por la noche de la manera que tu
solías hacerlo: con un mensaje de texto: Espero que te hayas ganado la cena,
pequeño.
Minutos después una mujer vestida con un vestido negro muy
corto y unos tacones entraba por la puerta del hotel.
Conforme me acercaba a ti podías distinguir mis ojos
brillantes, maliciosos y esa sonrisa endiablada que tan loco solía volverte. Me
dirigí a ti, solo a ti, con paso firme y ansias mal disimuladas. Tus compañeros
se quedaron boquiabiertos, tu sonreías.
Pero supe controlar mis ganas: solo dos besos en las
mejillas y un saludo escandaloso:
-Que alegría verte, cuando supe que estabas aquí no podía
creérmelo. Que casualidad! Mi empresa también me ha enviado a hacer un curso de
esos horribles de ventas, en fin si te apetece nos tomamos una copa.
-Habíamos decidido ir a cenar a una tasca de por aquí, dicen
que hay buen ambiente, vienes?
-Claro, será un placer.
Varios de tus compañeros y nosotros pusimos rumbo a un bar
muy bohemio que quedaba bastante cerca. Nos sentamos en una mesa del rincón, yo
enfrente tuyo, pedimos vino y algo para comer. La noche fue evolucionando muy
animada estábamos cansados pero las ganas de diversión se palpaban. Yo no tarde
mucho en empezar con mis juegos: mordía mi labio, paseaba mi lengua, me
agachaba, bromas, todo muy disimulado pero sin dejar de atravesarte con la
mirada. Hasta que ya con el calor del vino los juegos fueron a mas: en un
momento dado de la conversación me descalce y metí mi pequeño pie en tu
bragueta que tuviste a bien abrir para mi. Acariciabas mi tobillo y me
empujabas contra ti. Te gustan mas a ti que a mi estos juegos… Como un pie no
era suficiente no tarde en descalzarme el otro.
En cierto momento me levante al baño, no tarde mucho, al
volver me senté a tu lado, la noche estaba avanzando y la comida dejaba paso a
la música y las copas, ya solo quedábamos tu y yo en la mesa. Tus amigos no
dejaban de mirarnos pero nos dejaron el suficiente espacio como para que
pudiéramos seguir con los juegos.
Saque algo de mi bolso y te lo metí en el bolsillo después
de secar el sudor de tu frente, no era un pañuelo, te susurre al oído que en el
baño me había metido un collar de perlas por el culo y que estaba deseando que
me lo quitaras; abrí mis piernas y relajadamente comenzaste a tirar de ellas
para volver a introducirlas. Este juego terminó de calentarnos así que
decidiste que sería hora de que me acompañaras a mi hotel. Nos despedimos
rápidamente y nos metimos en un taxi.
Dentro no nos pudimos aguantar mas las ganas de comernos y
apasionadamente nos besamos, abrazamos y nos mordimos cuanto quisimos, el
chofer se puso las botas. Tiraste de mi escote hasta sacarme las tetas,
pellizcarme los pezones te satisfacía, levantaste mi falda hasta la cintura,
todo quedó al aire (el conductor deceleró y dio varias vueltas mas de la
cuenta, eso nos hacía reir, pero no nos interrumpió el juego) empezaste a jugar
con mi coño empapado, con mi culo sacándome lo que había dentro y provocándome
el primer orgasmo que dejó perdido el asiento del auto.
Estaba hospedada en una pensión económica y con pocos lujos
pero limpia, entre callejuelas se levantaba un edificio histórico de estilo
clásico y a esas horas tan mal iluminado de aspecto fantasmagórico, suspiraste
pero me seguiste sin mucha retórica.
En la habitación nos arrancamos la ropa, seguimos besándonos
y en cuanto te agarre de la polla solo deseaba chuparla. De rodillas comencé
despacio ensalivando mucho como a ti te gusta y mordiéndote la punta como me
gusta a mi. Terminamos en la cama follándonos apasionadamente pero sin mas
juegos que los del amor.
A la mañana siguiente me despertaste con un fresco beso en
la mejilla. Te habías duchado y te marchabas no sin antes agradecerme el
detalle y dejando instrucciones bien claras. Estarías todo el día ocupado: yo
podría descansar y hacer lo que quisiera hasta la noche, después sería tuya. A
las 9 en la puerta de tu hotel, dentro de un taxi con un vestido blanco
semitransparente y sin nada, NADA debajo. Tacones y abrigo.
Así lo hice. Cuando entraste en el taxi un beso casto en los
labios y una dirección al taxista. Yo te miraba, altivo, perfumado, con el
mundo a tus pies, me encanta deleitarme con estos momentos y tu lo sabes, éstos
no son silencio.
Llegamos a una zona tranquila, un restaurante grande y
lujoso, silencioso. Nos llevaron hasta la mesa, la del centro y se llevaron
nuestros abrigos. Pediste vino. Elegiste la cena, algo ligero. Antes de que
sirvieran el primero me pediste que fuera al baño y me pusiera lo que había
dentro de la caja. La gente no dejó de mirarme, se veía todo, todo lo que no
llevaba. Se me escapo una sonrisa en mis labios de las de medio lado.
Me sorprendió el regalo: un huevo rosa y una nota: es hora
de que avancemos en nuestros juegos, lista? Si lo estaba o no era lo de menos,
me lo metí y espere algo de compasión por tu parte. Al llegar te devolví la
caja, comprobaste que estaba vacía y brindamos por ello, comencé a sonrojarme.
Encendiste el aparato, apenas se notaba la vibración, me confié. Primer plato y
mucho vino, en el segundo subiste mucho su marcha pero paraste cuando casi me
atraganto, muy amable por tu parte. Y a la hora del postre llegó la tortura,
como a ti te gusta, controlando la tensión, no pude terminar el postre demasiado
ocupada estaba en acallar el orgasmo que invadió mis piernas de ese flujo
viscoso que empapo la silla. Me diste los segundos necesarios para volver en mi
y nos marchamos como huyendo de la escena del crimen.
Comenzamos a caminar por las calles el frío de la noche me
sentó bien, pero tus manos, tu boca, tu lengua, no dan tregua, a mitad del
camino, en una calle oscura me arrancaste ese juguete y apoyandome la cabeza
contra la pared, agachada y abriendo bien las piernas me follaste como a una
puta con ansia y embestidas fuertes. Algunas personas pasaron cerca y eso nos
excito algo mas pero tu ritmo no descendió hasta que llegó tu orgasmo y
decidiste premiarme dándome la vuelta y tirándomelo a la cara y a los pechos
que sacaste de un tirón. Recompuestos pillamos un taxi, me dejaste en el motel
y te volviste al tuyo sin decir mas que adiós.
A la mañana siguiente me despertó el teléfono eran las 8, me
dabas 15 minutos para ducharme y esperarte junto a la puerta de rodillas. Me
levante rápidamente, tropezando pero estuve a tiempo al lado de la puerta,
chorreando y algo alterada.
Llegaste, acariciaste mi cabeza, y otra orden: de pie,
abierta de piernas y brazos. Me enseñaste una fusta trenzada, un escalofrío
mojo mi sexo. Con un pañuelo me amordazaste, y comenzaron los golpes no muy
fuertes, pero directos, muslos, glúteos, tetas, coño, barriga, brazos, todo, no
paraste hasta que no viste un bonito tono rojo en todo mi cuerpo, comprobaste
mi coño, empapado. De rodillas en la cama, mas golpes en el culo, mas fuertes.
Boca arriba, abierta, tapastes mis ojos con otro pañuelo, mas golpes en las
tetas, en el coño, en las piernas, de repente algo ardía en mi cuerpo esta vez
un chillido ahogado salio de mi cuerpo que se retorcía, la fusta hizo que
recuperara mi postura y el calor ceso, varios golpes mas y entonces te sentí
dentro, suave, caliente, despacio, besándome, acariciando mis heridas,
abrazándome, diciendo lo mucho que me quieres, me hiciste el amor como nunca,
ninguno de mis agujeros quedó libre de ti, de tus besos, de tus manos…
Después de un tiempo comenzaste a susurrarme que debíamos de
irnos, te levantaste a preparar una ducha, me llevaste medio en volandas, sin
dejar de susurrar, de acariciarme, me limpiaste con una esponja suave
utilizando jabón de rosas, me secaste con mimo, me peinaste, me vestiste y
cuando habíamos recogido nos despedimos de aquella habitación.
El almuerzo fue contundente y la despedida rápida, salías
una hora antes que yo, con tus colegas como a la ida, solo que en la vuelta
tendrías mucho en que pensar…
Ciao a tod@s y feliz domingo.
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