domingo, 6 de noviembre de 2016

OTRA HISTORIA TRISTE DE AMOR

La que hoy os voy a contar es solo otra de esas historias que suceden cada día y en cualquier lugar del mundo, no tiene más importancia que la que queramos concederle, pero al ser una herida propia y profunda perdura en mi memoria a pesar del tiempo.
Que puedo decir, yo era joven y... No! eso no es verdad, no quiero disculparme, lo que sucedió, sucedió y fue algo así...

Me enamore de su risa y cuando por fin conseguí atraparla entre mis brazos la cambió por llanto. Nunca logré descifrarla y por miedo a romperla la abandone...no soportaba oírla llorar.

Coincidimos sin proponérnoslo, durante un tiempo viví en su ciudad y a veces nos encontrábamos, solo era cuestión de tiempo. Todo empezó como con cualquier otra, ella no era más especial, ni mejor, ni la más guapa, solo era ella.
Un día me acerqué y le dije:
-He conocido a muchas pero ninguna eres tú, quiero conocer a la verdadera.
Después de pensarlo un momento y con cara de molesta, refunfuñó:
-Todas esas soy yo!!
-No! yo la he visto, se que dentro de ti está la que quiero conocer y hasta que no me la presentes no voy a enamorarte. Se sonrojó.
(Se sonríe)
Debió de tomárselo como un reto porque poco a poco nos fuimos acercando.
Una mañana seguida a una noche y muy diferente a esas otras mañanas con sus noches, cuando me acerqué a ella, con cierto aire de magia desató la toalla que la rodeaba cayendo al suelo con gran peso y se mostró desnuda ante mí como antes nunca lo había hecho.
-Sin máscaras tal y como pediste.
Todos sus miedos afloraron, se inundó de vergüenza y eso causó un efecto a su piel que la tornó cálida, rosada y preciosa; mis ojos se llenaron de lágrimas que no pude controlar.
Para contrarrestar esa pérdida de control acaricié su mejilla, sonreí y no pude evitar que ella me notara maravillado como ante la imagen de una virgen en su altar.
Nos besamos los labios, nos abrazamos. Me desnudé y me presenté ante sus ojos tan vulnerable como me sentía, aunque ella siempre confesó haberme notado fuerte, entero y cálido.
Las mujeres tienen ese don de expresar las cosas de manera diferente aunque sean las mismas.
(Vuelve a sonreir)
Ambos desnudos, descalzos y fundidos en un nuevo abrazo, volvimos a descubrirnos y desde aquel momento no fuimos los mismos.
Las semanas pasaron deleitándonos con una promesa de amor infinito y un futuro maravilloso, incluso guardo alguna de sus cartas de aquellos días, retazos de vida que aguardan sonar su melodía...

(...) Hoy he despertado entre tus brazos, la tibieza de nuestros cuerpos y la cálida luz de la mañana me colman de felicidad.
El vívido recuerdo del estremecimiento me ha hecho pensar en el amor. No en ese producido por el traspaso de nuestros flujos y el derramamiento de nuestros besos, sino en ese otro que hacemos cada día con pequeños gestos y con detalles que a veces se filtran ante los ojos inexpertos (...)

Son tantos los recuerdos que se agolpan en mi mente de aquellos días...

-¿Que quieres saber?
-¿Cual es tu color favorito?
-El rosado de tus mejillas cuando te excitas. Si, no me mires así, lo haces y lo sabes perfectamente, lo noto, te mojas y ese es mi sabor favorito: el de tus piernas mojadas.
-¿Y tu perfume favorito?
-El de tu cuerpo, y mi tacto favorito el de tu piel tersa cuando te retuerces...

Siempre acabábamos desnudos y jadeando por mucho que insistiese ella en tener esos momentos superficiales. Quizás fue el principio...
Y me atreví a escribirla, a cortejarla como si de un poeta me tratase:

Deja tu piel desnuda,
así bajo el sol para que se dore,
vístete sólo con laca de uñas y el carmín de tus labios,
suelta tu melena y sonríe.
Así desnuda es como te quiero,
siendo tú, sin disfraz.
 
Vivíamos en la costa y la playa era nuestro lugar favorito, el clima era cómplice y los largos paseos por la arena eran nuestro sustento.
Otro día le regalé un largo collar de perlas y le pedí que se lo pusiera. Al movimiento de nuestros cuerpos chocaba contra su pecho haciendo sonar una melodía perfecta, una que no he vuelto a oir.
 
Pero como ya he dicho al principio esta es otra historia más y a pesar de sus buenos momentos, de los grandes recuerdos, de nuestras esperanzas, a pesar de todo, la vida sigue su curso...
¿Qué sucedió? Nada y todo a la vez, no lo sé explicar pero todo cambió y de nada sirvieron las promesas , los esfuerzos por salvarnos, las discusiones, todo se nos fue entre los dedos y tornándose crisálida se encerró del mundo, pero poco sabía ella de las leyes que nos rigen y sin poder hacer nada todo se volvió en su contra.
Yo ya no era el hombre al que amó ni ella esa mujer, seguimos caminos distintos y no nos hemos vuelto a ver.
Como despedida: una carta y una herida de las que no se cierran.
 
(...) que yo no sufra no está en tus manos ni siquiera en las mías, eso es irremediable.
Fue maravilloso amor de verano, no, mejor aún: fue un amor de primavera; cálido, soleado, revitalizante y fugaz. No puedo, ni quiero olvidarlo, es de esos instantes que perduran en nosotros para siempre y con los que medimos el resto que nunca llegaran a estar a su altura (...)
 
No era joven, pero sin duda fue el primer amor de mi vida, hubieron muchos otros antes y después pero ella fue única desde la primera mirada hasta la última carta.
 
 
 
 


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