Explica que cuando esto ocurre no suelen de ser de trato cómodo y que más vale cambiar de acera al verlos.
[ … Davant de les intemperàncies d'aquells homes vaig fer una frase que desprès ha fet- segons em diuen- un llarg camí. Posat a l'estranger- vaig dir- el català és un animal que s'enyora , i quan un català s'enyora no és pas d'un tracte còmode, sinó que, en trobar-lo, val més passar per altre carrer.]
Extraído de la narración " Pensió a Cambridge Street"
Esto me ha hecho pensar que mi carácter un tanto melancólico, no se debe tanto a un rasgo particular sino más bien a una característica del ADN Catalán que recorre mi sangre; exaltado por el estadio, alejada de la tierra que me vio crecer.
No es que quiera darme ínfulas de raza superior (es un rasgo característico de toda la especie, cada cual con su ADN particular), solo que nunca había caído en la cuenta de cuán importante es el arraigo para una persona.
Yo era de esas personas que se reían, que se lo tomaban como un capricho pasajero, como una manía, pero ahora, quizás al cumplir años, quizás al ver crecer a mi retoño, es cuando he comenzado a sentir como un tironcito en el pecho, algo así como un hilo que tira de una hacia un lugar conocido por la memoria.
Recuerdo a mi padre (fallecido hace muchos años) cuando al regresar al pueblo que lo vio nacer, comenzó a crecerle dentro una decepción que lo arrastró a una tristeza profunda de la que no volvió a salir. No murió por depresión, ni tampoco estoy segura de si alguna vez la padeció pero aquella melancolía nunca abandonó su rostro.
Y es que la memoria nos juega malas pasadas y nuestros recuerdos poco o nada tienen que ver con la realidad. No sé exactamente dónde he leído o visto algo relacionado con este tema: los recuerdos son como un espejo curvo que deforman la realidad según la necesidad del momento. También puede suceder que el paso del tiempo borre algunas partes de esas imágenes que guardábamos en el archivo de nuestra memoria.
Todo este conjunto de pensamientos forma parte de ese miedo a regresar, ese miedo al cambio, añadido a la incertidumbre del futuro y de los problemas cotidianos; pero este ya es otro tema.
Hoy quiero cerrar los ojos y al abrirlos encontrarme en la playa "La Pineda" sentada tranquilamente en la orilla, mientras las olas juguetonas refrescan mi piel del calor que recorre mi cuerpo...
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