miércoles, 13 de julio de 2022

La mujer de los zapatos beige

Otro cansado día de trabajo más. La monotonía instaurada en mi cuerpo, otro dolor crónico en mi alma. Solo puedo liberarme de este peso castigando el cuerpo a través del esfuerzo físico, cansarme hasta quedar agotada y así poder dormir profundamente, sin que ningún pensamiento me aborde en mitad del sueño.

Me entrego al cambio de ropa con la misma melancolía con la que llego, con la misma con la que comienzo a dar los primeros pasos cada día, pero al llegar a la piscina todo cambia: el frío del agua despierta mis sentidos, me hace renacer. Salto dentro del agua y salgo casi sin aliento, el agua está helada. Respiro y automáticamente sonrío. Cojo aire y comienzo a nadar. Cada brazada es un metro conquistado, una meta conseguida, noto crecer el poder dentro de mi, nadar me hace fuerte, invencible, me hace creer que soy capaz de todo. Cada vez nado más deprisa, más fuerte, pasan los minutos, quince largos, veinte, treinta, cuarenta y cinco, ya no puedo más. Entre agotada y satisfecha termino el entrenamiento. Unos largos de espalda para relajar los músculos y al jacuzzi, no más de quince minutos que hay que continuar. Rápidamente regreso al vestuario, cojo mis cosas y me doy una ducha rápida, fría para compensar la calidez adquirida en el jacuzzi. El vestuario aparece desierto, sin molestias y corro a la ducha. Decido vestirme en el lado opuesto al acostumbrado, detrás de las taquillas, allí existen unos cubículos con unos banquitos para sentarse, normalmente están ocupados, hoy aparecen todos vacíos. Estamos en julio y aquí parece que todo el mundo está de vacaciones. Al salir ya vestida veo a otra mujer en el cuarto de al lado ha dejado la puerta abierta como yo, es una conocida aunque no recuerdo su nombre. Es una mujer de mediana edad bastante bonita y muy buen gusto en zapatos. Los que lleva son de color beige, ya los había visto antes en el escaparate de la tienda, me enamoré de ellos nada más verlos, de usar zapatos de tacón hubiera pagado cualquier precio por tenerlos, pero mi estilo es muy diferente, vaqueros y zapatillas o unas buenas botas cómodas, nunca uso falda o vestido salvo en verano y entonces suelo usar sandalias planas. Para mi lo primero es la comodidad. La miro y me doy cuenta de que he pasado varios minutos mirando sus pies, sus muslos, perdida en mis pensamientos, ella se da la vuelta y se sorprende al verme casi como un sobresalto, nos reímos, me disculpo y tímidamente dirijo mi vista a sus pies, alabo sus zapatos. Ella muy educada me pregunta por la piscina, por la soledad del vestuario y yo me fijo en sus bragas, de encaje color camel que dejan entrever un bello púbico abundante de color claro. Instintivamente me muerdo los labios, los recorro con mi lengua, la noto incómoda y me alejo. Frente al espejo no puedo creer lo lujurioso de mi pensamiento: nunca pensé que pudiera ser tan obscena y menos con una mujer. ¿Qué me está pasando? Tengo ganas de besarla, de recorrerla con mis manos, absorbida por mis pensamientos no paro de sonreír ante el espejo. Ella se paró a mi lado y mirándome dijo:

-Eres muy bonita Verónica.-Me dejó sin habla y la vergüenza se apoderó de mi, me ruboricé y por un instante solo pude tragar saliva.

-Tú también eres muy bella, tienes un cuerpo excelente, se nota que lo cuidas.-¿De dónde salió esa voz? ¿Cómo fui capaz de pronunciar palabra, si aún seguía preguntándome cómo era posible que supiera mi nombre? Ella agradeció nuevamente el cumplido y se fue. A modo de despedida me dejó la imagen de su precioso culo contoneándose. El mundo se me volvió a caer encima. Tenía que volver al trabajo así que solo pude desear volver a verla al día siguiente. Los días pasaron y no la encontré, aunque su imagen no me abandonó. A lo largo del día podía regresar a ella y recorrerla de abajo arriba tantas veces como deseara por delante y por detrás. Durante varios días estuve abstraída en mis pensamientos, anonadada aunque a nadie le importó este cambio. Pasado el fin de semana ya a penas recordaba lo ocurrido, el sueño, la bruma, sucumbió bajo el peso de las obligaciones diarias. Por la mañana una dura jornada en la oficina, a medio día piscina fría y comida ligera rápidamente por la tarde de vuelta a la agobiante oficina. A las ocho de la tarde volvía a casa como una autómata sin esperanza.

Hasta que un día el destino quiso que mi rutina cambiara. Ocurrió hacia mitad de la semana, no recuerdo que día. Me sobraba tiempo, ya que, aprovechando la ausencia del jefe y alegando una excusa poco creíble había abandonado la oficina un rato antes para así poder disfrutar de la piscina tranquilamente. Llegué contenta al vestuario sabiéndome vencedora de una batalla que solo existía en mi mente. No esperaba encontrar a nadie así que solté la mochila con toda la fuerza y el ruido que pude derrochar. Al hacerlo resonó un grito contenido al otro lado de las taquillas y al asomarme quedé dulcemente sorprendida, volví a ver a la mujer. Parecía un poco asustada. 

-Perdona no sabía que estabas aquí, pensé que estaba sola.

-Tranquila no es nada, es que no esperaba que llegara nadie a estas horas.

-Si bueno, es que hoy he salido un poco antes.

-Me alegro, así nos haremos compañía que la piscina está últimamente muy vacía.

-Pues sí se nota que ya ha llegado el verano.

Su sonrisa, como siempre, era amable y cálida. Ya llevaba puesto el bañador así que no pude disfrutar de su desnudez, pero me apresuré para poder acompañarla por el paseo hacia la piscina. A pesar de ser algo mayor que yo su trasero era firme y su movimiento me resultaba hipnótico. De vuelta a la realidad del agua fría, el entrenamiento no resultó relajado. El monitor aprovechando que nos tenía como únicas participantes nos preparó una clase especialmente dura. No quería que ella pensara que yo no era capaz de seguir su ritmo así que me esforcé al máximo acabando destrozada. Al terminar le propuse relajarnos en el jacuzzi pero ella lo rechazó, prefería prepararse tranquilamente sin la prisa de otros días. Le acompañé con la esperanza de poder disfrutar de su cuerpo desnudo unos minutos más. La seguía de cerca y escogí el cubículo de al lado para no perderme nada. Ella era delicada con todos sus movimientos, debajo del chorro de la ducha se quitó suavemente el bañador, yo no me perdía ninguno de sus movimientos, aunque intentaba disimularlo. Con sus manos recorría suavemente su cuerpo hasta que una suave espuma resbaló por cada curva y cada rincón de su cuerpo, mientras yo le daba la espalda frotando fuertemente mi cabello intentando calmar aquel fuego que comenzaba a subir por mi vientre. Terminamos a la vez y ella se envolvió en una toalla azul que parecía muy mullida, recogido su cabello en otra toalla a modo de turbante al igual que el mío. Nos metimos en sendos cubículos sin cerrar las puertas. Al poco me envolvió un olor dulzón como de melocotón que provenía de su lado y no pude resistirme a entrar y preguntar que era aquello: 

-Es la crema corporal ¿quieres un poco?

-Sí gracias, huele muy bien.-Puso un pegote generoso de crema en mi mano y su suavidad me invadió de una valentía inusitada, froté mis manos y me dirigí hasta su cuerpo restregando primero por sus hombros después bajando a sus pechos pequeños y redondos, dejé caer mi toalla mientras me acercaba más a ella, notando como nuestras respiraciones se aceleraban al unísono. Rocé sus labios con los míos, la besé y ella respondió abriendo su boca, entregándome su lengua, abrazándome. Al sentirme acogida me envalentoné y entonces mis manos agarraron sus muslos levantándola para después apoyarla en el banco abierta de piernas, ofreciéndome su sexo. Empujé la puerta para cerrarla y arrodillándome la besé por todo el cuerpo, con necesidad, con hambre, mordiéndola con cuidado y sacándole desde lo más profundo gritos que ahogaba para no llamar la atención. Lamí su sexo, lo chupé, lo recorrí con mi lengua sin dejar rincón sin ensalivar, jugué con mis dedos en su vagina mientras chupaba su clítoris hinchado por la excitación y con la otra mano acariciaba su culo, lo apreté hasta conseguir introducirle dos dedos por su precioso y prieto ano. La disfruté con rapidez, con furia como si hacerlo despacio significara perderla. No tardó en correrse en mi boca, entre mis manos, ahogándose en silencio, esto resultó muy placentero para mi, ya que, aquel líquido sabía a miel, al dulce néctar de la vida, a victoria. No la solté, la mantenía agarrada y repasé con el jugo de su sexo todo su cuerpo, sus pechos y su boca hasta no poder más. Noté el abrazo de sus piernas a mi alrededor, buscándome, me fui acomodando a la curva de su cuerpo, la noté resbalar por mis piernas buscando mi sexo con el suyo, restregándose como una perra, acelerando nuevamente mi pulso. Esta vez me corrí yo. Mi sexo resbalando jugo sobre su sexo. Jamás había sentido nada semejante. El abrazo carnal de otra mujer, su calor, su perfume, sus pechos contra los míos y nuestras humedades fundiéndose hasta ser una sola. No se cuanto tiempo gastamos en este ritual animal pero nos dejó extasiadas a ambas. Agotadas, sin respiración, la dejé descansar en su compartimento mientras yo hacía lo propio en el mío. Me vestí poco a poco, no quise quitarme su olor, ella olía a melocotón y almíbar y ahora yo olería también así. Durante días no me atreví a ducharme por miedo a perder su olor, a borrar su recuerdo de mi mente y de mi cuerpo. Al salir del cubículo la vi alejarse tan armónicamente como siempre, bien vestida, peinada y luciendo una sonrisa en los labios. Se despidió con un: -¡hasta el próximo día!- que me dejó destrozada. Ella quería volver a verme. Yo solo fui capaz de articular un: -adiós.

Desde ese día y en adelante mi vida dejó de ser tan asfixiante, las horas pasadas entre la piscina y el vestuario recobraron un significado especial, verla a ella era sentir el éxtasis recorriendo cada milímetro de mi piel. Ella siempre se las ingeniaba para reservar un cubículo, yo para arañar más tiempo en la oficina y compartirlo junto a su cuerpo. 

A pesar de los muchos momentos compartidos nunca le pregunté su nombre, me sobraba con mirar sus zapatos para sentirme feliz.  





No hay comentarios:

Publicar un comentario