Existen muchas princesas y de muchos tipos, las hay altas, bajas, delgadas, gorditas, rubias, morenas, de piel clara, piel oscura, de finos dedos, de manos robustas, además todas son de gran inteligencia e ingenio, vivaces, audaces, inventivas, sorprendentes y de gran corazón. Pocas personas conocen la procedencia de tan bellas almas y eso es a lo que he venido hoy, así que escuchad atentas que la historia comienza.
Todas sabemos que cada vez que nace una niña automáticamente nace una princesa. También sabemos que no todas las princesas visten hermosos y aparatosos vestidos de color rosa, ni todas son flores delicadas que nacen en un jardín cual pajarillos. Existen princesas a las que les gusta jugar a fútbol, vestir pantalones anchos y jugar en el barro. Aunque todas son diferentes sabemos que todas tienen algo en común y ese algo es lo que las convierte en princesas. En el fondo de su corazón brilla una luz, una luz muy antigua que viene de las reinas que reinaron hace mucho, mucho tiempo. Aquellas reinas guardaron en esa luz todo el conocimiento que fueron adquiriendo a lo largo de generaciones y se lo fueron pasando a cada una de las niñas en el momento de su alumbramiento, con ayuda de las estrellas. Por este motivo cada vez que nace una niña en cualquier parte del mundo, ha nacido una princesa. Cada una de ellas tiene un destino particular y todas cumplen con su papel maravillosamente. Algunas se convierten en profesoras, otras en doctoras, juezas, arquitectas, científicas, bomberas, pintoras, abogadas, conductoras, madres, ingenieras, compositoras, mineras, cocineras, amas de casas, reposteras, artistas, historiadoras, escritoras, mecánicas, buceadoras, antropólogas, inventoras, biólogas, veterinarias, dependientas, deportistas, aventureras e intrépidas todas ellas llevan a cabo una importante misión en la sociedad a la que pertenecen para hacerla más justa y equitativa con sus congéneres. Las princesas van creciendo, van formándose y a la vez van relacionándose con otros seres, uno de esos seres es el mal llamado príncipe. Y digo mal llamado, porque esos niños no tienen nada de príncipes, al contrario que ellas, al nacer ellos no obtienen ninguna luz especial, son simplemente niños. Pero para que no se sientan mal por ser diferentes, las magnánimas reinas decidieron llamarlos príncipes para que así crecieran en igualdad y con las mismas posibilidades que ellas. Princesas y príncipes crecen en el mismo entorno, ambos pueden elegir libremente el futuro que más se adecue a sus características, a todas y a todos se les trata con respeto y amor que es fundamental para crear un futuro próspero para todas y todos. A veces ocurre que con el paso del tiempo, una princesa y un príncipe se enamoran y deciden crear un núcleo familiar. Otras veces ocurre que son dos princesas las que se enamoran y crean el núcleo familiar, en este caso, además sucede algo increíble: al juntarse las dos chispas de su corazón, la luz crece tanto que se transporta hasta el cielo y se convierte en una estrella. ¿Te has fijado en la cantidad de estrellas que hay en el cielo? Pues todas y cada una de ellas corresponde a un amor tan puro y tan especial como lo son las princesas que las han creado. Dos príncipes enamorados también pueden crear un núcleo, a veces, incluso no es un enamoramiento, sino simplemente una conexión especial lo que hace que una, uno, varias o varios seres creen un núcleo familiar. Las razones y las fórmulas que se pueden utilizar son infinitas como el cosmos.
Este sistema se repetía una y otra vez desde tiempos inmemoriales y así debería de haber seguido de no haber ocurrido lo que un día ocurrió. Una de esas princesas que se enamoró de un príncipe cambió el curso de la historia para siempre. Hasta ese día se creía que cuando una princesa y un príncipe se unían lo hacían con amor y armonía para siempre, creando un núcleo familiar fuerte y duradero, pero esta princesa vino a demostrar lo equivocadas que estábamos y nos enseñó que lo que en un principio solo era amor y respeto con el tiempo se había convertido en odio y desprecio.
Ella había sido una princesa llena de energía, intrépida, alegre, fuerte y de gran corazón que con mucho tesón y esfuerzo se había convertido en una gran compositora y violinista. Él, también con mucho esfuerzo y trabajo se convirtió en un gran arquitecto, constructor de grandes estructuras. Ambos hacían una gran labor social y compartían una profunda devoción por su pareja. Eran triunfadores en sus campos respectivos, debido a ello viajaban mucho, tenían muchas amistades y en ocasiones pasaban semanas sin poder verse inmersos como estaban en sus ocupaciones. Una noche, mientras el príncipe asistía a una fiesta se le acercó un hombre para decirle al oído que se rumoreaba que su princesa había sido vista en brazos de otro príncipe. Éste enojado por lo que había oído, se dirigió raudo a su hogar en busca de su amada princesa. Al no hallarla comenzó a alimentar los malos sentimientos que le crecían dentro con incoherencias sobre qué estaría haciendo y con quién. ¿Por qué un hombre se acercó a él con ese rumor? ¿Qué pretendía conseguir? No tenemos respuesta para estas preguntas, quizás solo fue una broma pesada, o fue envidia o simplemente para averiguar que sucedería si... sus motivos no son importantes, lo que sí sabemos es que el mundo está lleno de personas que a pesar de las maravillas de las que podrían gozar, se dedican a sembrar miedo e incertidumbre en el corazón de otras personas. Cuando llegó la princesa él la recibió furioso y agresivo, gritándola, insultándola, rompiendo todo a su paso, ella desorientada no entendía el porque de ese comportamiento y comenzó a llorar e implorar que cesase en su mal comportamiento, pero él no la escuchaba y acabó encerrándola en su habitación bajo llave. Durante meses la mantuvo en ese estado de reclusión mientras él enfurecido y rabioso se dedicó a construir lejos de allí un castillo fortificado para que nada, ni nadie pudiese penetrarlo y así tener bajo su control a la princesa. Ella encerrada en la habitación, desconcertada por el comportamiento de él y sin explicaciones de ningún tipo, no paraba de pensar que error habría cometido para que, el que un día fue su príncipe, se hubiera convertido hoy en un ser vil y agresivo. Con el paso de los días la salud de la princesa se resintió, su aspecto dejó de ser el de una joven llena de vida, su luz se estaba apagando y su corazón se llenaba de tristeza. Pasaron varias semanas y el arquitecto logró terminar el castillo. Así que lo dispuso todo para trasladar a la princesa. La llevó hasta la torre más alta de la ciudadela, la más alta construida hasta entonces, la encerró en la celda más apartada para que nadie la alcanzase nunca. Tan solo existía una pequeña ventana por la que no se podía escapar y una puerta muy pesada que solo podía abrirse o cerrarse desde fuera. De esa forma solo él podría verla y tocarla. Durante meses nadie supo nada de la pareja y todas y todos creyeron que eran tan felices y que su amor era tan grande que no necesitaban relacionarse con nadie más. Aquel apartado castillo se creyó símbolo de su amor. La realidad era muy distinta y a medida de que los días pasaban la princesa fue perdiendo vitalidad y su salud empeoró. El autoritario arquitecto a pesar de observar la fragilidad de la princesa y su delicada salud no cambió su actitud y se volvió irremediablemente taciturno y violento.
Una noche de cielo claro, una estrella azul que brillaba con fuerza en lo alto de la bóveda celeste se sintió conmovida por la tristeza y la fragilidad de la princesa y decidió ayudarla. Hizo acopio de toda la magia que tenía y creó un gran ser fuerte, alado, de piel rosada cubierta por escamas, dientes y garras afiladas, capaz de destruir cualquier cosa con su fiereza y su fuego: la llamó Draco. Esta voló hasta el castillo y con su rugido hizo temblar todo a su alrededor. La princesa alertada por el estruendo comenzó a gritar para que la oyesen desde fuera. Él salió de su escondrijo temblando por el rugido, comenzó a recorrer el castillo en busca de lo que lo había provocado y cuando se encontró de frente con Draco tembló aún más, pero ese ser no había sido creado para sentir compasión y de un solo bocado se lo comió, después siguió su instinto para encontrar la celda de la princesa y de un solo empujón derribó la puerta que durante tanto tiempo la había apartado del mundo. La princesa asustada quedó inmóvil frente a Draco, entonces escuchó una voz que provenía del ser y le decía que no tenía nada que temer pues la estrella azul la había creado para salvarla de su cautiverio. La princesa logró reaccionar y agradecida la abrazó. Decidieron quedarse a vivir en el castillo por sus dimensiones perfectas para Draco y como símbolo de la independencia recién conquistada. Una vez repuesta la princesa, pensó que quizás hubiera otras princesas pasando por esa misma situación de soledad y desprotección. Consideró oportuno aliarse con Draco para poder ayudarlas también. Así que cada noche volaban en busca de princesas que necesitaran su ayuda para librarlas del hombre que un día había sido su príncipe y que poco después se había convertido en un tirano, cruel y maltratador. La princesa se dio cuenta de que había muchas princesas en ese estado y de que Draco y ella no eran suficientes para llegar a todos los rincones dónde se las necesitase, así que una noche de cielo claro, suplicó a todas las estrellas, en especial a la estrella azul, que les concedieran el poder especial de transformarse en dragonas a todas las princesas, para que cuando se encontraran en peligro pudieran defenderse solas y no tuvieran que esperar la intervención de Draco.
Desde ese día, además de princesa, cada nueva niña que nace puede convertirse en una dragona capaz de defenderse de cualquier hombre que la quiera hacer daño y todas llevan dentro de su corazón una luz especial con todas las enseñanzas de las reinas y princesas anteriores. Aquel momento marcó un hito en la historia y por eso cuando alguna persona escribe una historia de reinas del pasado, encierra a las princesas en la parte más alta de la más alta torre, protegidas siempre por una dragona que escupe fuego y se come a los hombres malvados.
Porque todas las princesas sabemos que solo las princesas salvan a las princesas.
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