Hace unas semanas fui al cine con mi hija. Me gusta mucho el cine, el momento cine, por supuesto con palomitas y chuches. Vimos una peli de dibujos, bueno mejor dicho una de animación. He de confesar que fuimos porque mi hermano me habló de Flow, además me mandó el tráiler
No lo voy a negar, me enamoré inmediatamente de este gato negro y tuve el impulso, la imperiosa necesidad de verla. Antes de que mi hermano la nombrara ni siquiera la conocía, pero al darle un montón de premios incluido un óscar, pues eso, que ahora no se deja de hablar de ella. Se lo merece: es maravillosa, sencilla, una delicia para los sentidos. Se merece el esfuerzo de dejar el sofá desplazarse al centro comercial y pagar para verla. Los cines son lugares acogedores, cómodos, cálidos y aunque siempre toca alguien que no se calla; esta vez fue una familia de cuatro muy pedante que se pasó toda la película dando explicaciones erróneas; merece la pena darse el capricho de vez en cuando.
No os voy a contar de lo que va para que seáis vosotras mismas las que lo averigüéis, solo os diré que es increíble que se pueda llegar a decir tanto sin tener diálogo. Esto ya me pasó hace años con otra película: All is lost de Robert Redford que también os recomiendo encarecidamente.
Flow tiene una música y sonidos fantásticos, los personajes están antropomorfizados (tienen atribuciones humanas) y quizás eso es lo que la hace más impactante. Las imágenes son muy bonitas, pero el dibujo da la sensación de que no lo han trabajado mucho (Ghibli nos ha malcriado), aún así el resultado es bueno. Del significado... que cada cual saque sus propias conclusiones, yo no os voy a destripar la historia.
Para terminar solo deciros que es la única peli que yo recuerde que no me ha hecho llorar a pesar de la narración, que sí, es triste, pero nada sensacionalista. Deseo que la disfrutéis tanto como yo y que la comentéis, pero no en el cine por favor, que molestáis al resto de las personas.

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